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Full text of "Circe Maia 1968 El Puente"

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Circe Maia 
EL PUENTE 

siete poetas hispanoamericanos 





El Puente 



Obra publicada 


En el tiempo, 1958 
Presencia diaria, 1964 


ediciones Siete poetas hispanoamericanos 
serie POR LA VUELTA 



Circe Maia 
EL PUENTE 


siete poetas hispanoamericanos 
Montevideo 1970 




EL PUENTE 


En un gesto trivial, en un saludo, 
en la simple mirada, dirigida 
en vuelo, hacia otros ojos, 
un áureo, un frágil puente se construye. 
Baste esto sólo. 

Aunque sea un instante, existe, existe. 
Baste esto sólo. 



PALABRAS 
Tantos millones de bocas 
tienen pasadas 

Pedro Salinas. 

En este cuarto me rodean muebles 
que no conoces: tengo puesto ahora 
este vestido que no has visto y miro 
—hacia dentro, hacia fuera? —No lo sabes. 

Pero ahora y aquí y mientras viva 
tiendo palabras - puentes hacia otros. 

Hacia otros ojos van y no son mías 
no solamente mías: 
las he tomado como tomo el agua 
como tomé la leche de otro pecho. 

Vinieron de otras bocas 
y aprenderlas fue un modo 
de aprender a pisar, a sostenerse. 

No es fácil, sin embargo. 

Maderas frágiles, fibras delicadas 
ya pronto crujen, ceden. 

Duro oficio apoyarse sin quebrarlas 
y caminar por invisible puente. 


8 



RECHAZOS 


He aquí el primer miedo: 
ser resbaloso y blando. 

El pasar sin tocar, tocar sin apoyarse, 
el apoyarse apenas. 

No quiero 

vivir como quien bebe 
los días, flojo vino, 
que muy pronto se agria 
y —sin saberse cómo ,— 
se acaba. 

Otro miedo: perderse. 

De pronto ya no estar, haber quedado 
atrás, en un recodo. 

Ahora ya no nos ven, ya no nos oyen. 
Movimiento entre imágenes 
entre sombra^ entre sueños. 

No quiero 

ese avanzar en falso, 

en realidad quietud, detención sin remedio 
en realidad, la muerte. 

Por último, este miedo 
difícil de decir, ahora mismo: 
lisura de papel, brillo en maderas, 
silencio alrededor. . . Vuela en silencio 
fino miedo, aguja del instante 
presente. 


9 



COSAS 


Objetos familiares en círculo se ofrecen 
al ojo y a la mano silenciosos. 

Es un modo de trato sin palabras. 

Cuando el lenguaje se nos traba y pesa 
—polvo de sin sentidos — 
sobre las viejas voces ya gastadas 
y envueltos como en una telaraña 
—gris el sonido y triste, negra tinta — 
estamos atrapados, 

súbitamente, entonces, 
irrumpiendo con fuerza, con violentos 
colores, pesos, formas, nos penetran 
cálidamente entran 
de alrededor asaltan. 

Abrete, estrecha grieta, 
ensánchate, da paso, 
que no vienen envueltas en sonidos 
sino desnudas, anchas. 


10 



NOCTURNO 


Este desprendimiento es como un desvestirse. 
Gestos, miradas, voces, aparecen ahora 
como una ropa ajada. 

Los modos habituales de réplicas, defensas, 
restos de charlas grises 
sobre nosotros bajan 
caen. 

Y da tanto trabajo, cuesta tanto 
quitárselos después. Siguen pesando. 

Han bajado ecos turbios, 

.caen sonrisas flojas, 
caen neutras miradas 
voces indiferentes 
sin peso 
bajan. 

Hay ahora un depósito, 
cómo vaciar de noche 
para poder dormirnos 
esta ceniza amarga? 


11 



ROSTROS 


Así también los rostros 
máscaras rutinarias se transforman 
en la cara real, tan y tan viva 
que quema las palabras. 

Sólo, de a ratos, claro. 

Como cuando aparece 
un fuego silencioso 
devorando las débiles 
conversaciones bichadas. 

Brilla sólo un silencio. 

Por él cruzan los ojos 

de los rostros reales, de reales miradas. 


12 



REGRESO 


✓ 


Estábamos tan acostumbrados 
al ruido de los niños, 

— gritos, cantos, peleas — 

que este brusco silencio, de pronto. . . 

Nada grave. Salieron. 

Sin embargo 

en pocos años será lo mismo 
y no nos sentaremos a esperarlos. 

Habrán salido de verdad. 

Se saldrán del correr en escaleras 
—No corran, niñósi/De sus cantos gritados 
de su empujarse y su reír, habrán salido. 

Volverán sólo en ráfagas —recuerdos, 
en fotos alienadas. 

Tiempo de mamaderas y pañales. 

Tiempo de túnicas y de carteras. 

Tiempo quedado atrás de alguna puerta 
que no será posible abrir. Habrán salido. 

Por eso toco y miro, como de grcñi distancia 
este cuarto en silencip 
con juguetes tirados por el piso 
con camas, destendidas. 

Me siento regresando. 

Como quien ya se iba y da vuelta. 

Como alguien que olvidó despedirse. 

Desde afuera, de lejos, he regresado 
á la resbaladiza sustancia de la vida. 


13 



germina uno, se alza un poco, baja 
y en una niebla de trivialidades 
se diluye, se ablanda. 





bio una hora el reloj. La hora lisa. 
Pronto se agotarán estos sonidos 
de cháchara liviana. 


Pronto se apagarán pequeñas chispas 
se aflojarán los nudos, las cadenas, 
—esqueletos de ideas — 
que a duras penas se alzan. 


Ha de bajar la sombra 
Sorberé sus imágenes 
como bebida agria. 


un sueño inquieto. 




PELIGROS 


En un tiempo no supe, 

—a veces sospechaba — 

que pudieras tener un doble fondo, 

mundo claro, vidriada superficie. 

Ya nuestro suelo, vuelto transparente 
y quebradizo, muestra 
que era hueco debajo y esta tensa 
lámina no muy firme. .. 

Cuidado! 

El pie vacila, el peso es inseguro. 

Y al revés: la más clara 
más nítida luz, la que vivía 
sobre limpias miradas 

se hace opaca de pronto, inerte, dura, 
—ácida luz de amor oscurecido — 
Cuidado! 


15 



EL VIAJE 


Cruzamos, otra vez, el río Negro 
de regreso, en el ómnibus, cansados, 
y la anchura y el brillo nos despiertan. 

Ves cómo me desvío? No es el río, no quiero. 
No debe entrar ahora 
La quietud, la dulzura 
el verdor de los árboles 
o las piedras y el agua. No era eso. 


Es algo más oculto en este viaje, 
más cercano que el río 
pero se me resbala, no lo toco 
casi con las palabras. No da pena 
ver este torpe esfuerzo? Pero escucha 
compañero de viaje, mi callado 
cansado compañero. 

Se está cayendo el diario de tus manos 
y con él el rumor del mundo cae. 

Nos cerramos, dormimos, ya no estamos. 

Ausentes de la tierra, del camino 

y de su polvo, ausentes, 

surgen sombras, imágenes, flotamos, 

nos desprendemos neutros, apartados 

del crujir de maderas 

del ruido del motor, y más que nada 

más que nada, cortados 

de los ojos ajenos. 

Es estar muertos, casi, 
y no quiero, no quiero. 


16 



Si oir la ventanilla penetrara 
más anchamente, el mundo.. . 

Los pueblitos borrosos, entrevistos 

de madrugada, ajenos, 

fueran de pronto, propios 

—no más nombres en mapas, sino nuestros. 

Más dolerían, más nos pesarían 

cercanos y reales 

quebrando sueños. 


Si entrara la mirada taciturna 

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17 


LA PENDIENTE 


Gradualmente, de modo imperceptible 
puede formarse un ritmo, una cadena 
sutil, que arrastre y pese. 

No podrás verla, pero estará. Los días 
armados se alzarán y casi hechos. 

Pisadas por veredas familiares. 

—Buenos días, baldosas, plaza, cielo, 
disciplinados árboles. 

La acogida de siempre. Sólo queda 
soltarse, resbalarse 
como por toboganes invisibles 
hacia la noche. 

No es noche, todavía. Sin embargo 
va atardeciendo. 

Tiempo del “todavía”: 

Todavía es posible” (¿Hay posibles?) 

“Hay todavía tiempo”. 

Y de pronto naufragan 

los sin embargo, peros, todavías. 

Algo se ha endurecido y angostado. 

(¿Cómo ha ocurrido, cuándo?) 

La plaza en sombra, la vereda en sombra. 
Ha anochecido. 


18 



APRENDO A OIR I 


Como el recomenzar a quejarse un enfermo 
que ya creíamos dormido, 
del mismo modo se alza 
la realidad del sufrimiento. 

Ahogado grito. 

Si no se aprende a oir, no se lo escucha. 
No está dentro, no sube 
de la memoria, el sueño, 

—los viejos laberintos — 

Está afuera, es cercano. 

Se esconde por detrás del cotidiano 
deambular, conversar, salir de compras, 
Está escondido, 
he aprendido a escucharlo. 

Está afuera, está vivo. 


19 



APRENDO A OIR II 


Es un tenso silencio entre las vigas 
de ennegrecidos techos. 

Hervor de viejas ollas. 

Vida en pequeños círculos. 

Es piel descolorida, es ojo opaco. 

Más que nada, es ausencia: 

lo que no está, no tienen, lo que falta 

—/ casi todo les falta !— 

Más que nada, es vacío. 

Es fácil no escucharlo: es un silencio. 
Fácil volver la cara 
mirar hacia otro lado 
escuchar otras voces 
Distracciones, olvidos. Sin embargo 
ha de llegar el día 

—y ha de llegar, ha de llegar, espéralo — 
de la rabia en desborde 
el ancho grito. 


20 



ESTA MUJER 


A esta mujer la despierta un llanto: 
se levanta medio dormida. 

Prepara una leche en silencio 
cortado por pequeños ruidos de cocina. 

Mira cómo envuelve su tiempo 
y en él está viva. 

Sus horas 

fuertemente tramadas 
están hechas de fibras resistentes 
como cosas reales: pan, avena, 
ropa lavada, lana tejida. 

Cada hora germina otras horas 
y todas son peldaños 
que ella sube y resuenan. 

Sale y entra y se mueve 
y su hacer la ilumina. 


21 



POSIBILIDAD 


¿De qué manera ataco con palabras 
cosas tan delicadas? 

La mirada de un niño de tres meses 
¿puede acaso tocarse 

con las palabras “meses”, “tres”, “mirada”? 

Hay que dar un rodeo 
dar vueltas y volver sobre sonidos 
sobre voces oídas, leídas, 
tal vez muy usadas... 

Es posible que un día se abran 
y en la hendidura brote 
la mirada. 


22 



DESEO 


No quisiera que abrieras el libro 
y vieras palabras. 

Quisiera 

que oyeras sonidos 

No música, escucha. 

Sonidos 

de cuyo entrelazarse están formados 
del tiempo, los hilos. 

Como ahora 

en que escribo ante abierta ventana 
y el rumor de la calle y pisadas 
exclamaciones, saludos, despedidas, 
noticias, comentarios 
y lejanos llamados se mezclan 
conmigo. 

Sin embargo 

no suben al papel y sólo quedan 
negros trazos escritos. 


23 



DE A RATOS 


De a ratos, el lenguaje 

se vuelve pobre, débil instrumento. 

Los ruidos de zapatos, de motores 
todo el rumor que sube de la calle 
son signos, son sentidos 
más que este turbio polvo de palabras. 

Y esta terca manía, ahora mismo 
a santo de qué? 

Sigo 

negras líneas rayando los papeles ... 

Y sólo porque a veces 
—y sólo, sólo a veces ,— 

Un golpe de la luz sacude sombras 
sobre la voz llovidas, 
se cae una corteza, 
se desprende una cáscara 

y las palabras dan la cara limpias 
nuevas, vivas, lavadas. 


24 



DUERMES? 


Amamos 

con amor de a punzadas, feroz, cálidamente 
este pequeño círculo, esta débil comarca 
que el pensamiento cruza, día a día: 
calle, casa, ciudad. Más allá todavía 
todo lo que las manos tocaron, 
lo que los ojos vieron. 

Verde, triste país. Qué difícil ha sido 
mirarte, vernos, verte. 

Se despertó el amor como un sabor amargo. 
Anchos campos vacíos, tibio cuerpo tendido. 
¿Estás enfermo, entonces? 

¿O tanto te han golpeado? 

Cierras los ojos. . . Duermes? 


25 



1811 


Está vivo este número? 

O es polvo 
de libros mal leídos? 

Brilla la antigua fecha. 

Veo salir sus números 
de una densa materia 
de sustancia real, oscura y viva: 
tejido de sucesos entrecruzados, fijos 
en el fondo del tiempo. 

Ruido de las carretas 
atravesando arroyos 
cascos de los caballos 
gritos, miradas, gestos. 

El pueblo en marcha. .. Ahora 
qué perdidos, qué lejos. 

Brilla la antigua fecha. 

El pasado está muerto y un duro viento sopla 
sobre campos dormidos, sobre dormidos pueblos. 

Brilla la antigua fecha. 

El pasado 
¿está muerto? 


26 



V 



Cruza corriendo un niño. 

Golpean las baldosas sus pies rápidos. 
Atraviesa la plaza y detrás suyo 
una niebla veloz lo va alcanzando. 

En un instante borra casas, cielo, 
los canteros, los árboles. 

Todo se ha vuelto humo. 

No hay nada ya, no hay nadie. 

Otra vez alguien c anta mientras cose 
—la aguja • 

brilla sobre la tela —- 
Y crece el canto, crece 
vegetalmente, alza 
delicado follaje de sonidos. . . 

Pero otra vez la niebla 
devora a quien cosía y a su tela 
y al brillo de la aguja y ya no queda 
ya más nada, más nadie. 



REVIVISCENCIA 


Pájaro raro, de vuelo lento 
a -doble ritmo: golpe de ala de sombra 
golpe de ala luciente. 

Días y noches enterrados sueltan 
el polvo que los cubre. 

Brillando están sus cielos. 

De deshechos relojes, de quebradas agujas 
de sus esperas rotas 
salta una hora entera, intacta. . . Mira: 
una piedra, un cristal escondido, relumbra. 

> 

Como un viento inaudible 
mueve otra vez los álamos. 

Por la abierta ventana 

—estará ahora abierta?— 

han penetrado insectos verdes y diminutos. 

Quien tendía la mesa, pone otra vez los platos, 
ña desplegado un blanco mantel ante mis ojos 
Caen de él cenizas del tiempo, gotas frías. 

Así vi arder la hora enfrente mío. Ardía 
sin quemarse, quemándome. 


28 


TODAVIA LA MUERTE I 


Afrontemos ahora 
la posibilidad de estar ya muertos 
— definitivamente, realmente — 
un día de verano, como éste. 

Resplandor que no toque la retina 

Humedad de la tierra en madrugadas 

El rocío en el pasto y no poder siquiera 

quitarse los zapatos... Ya ves, no es una lástima 

no es una lástima 

que ni zapatos ni ya pies tendremos? 

Que ya al deshecho oído 
no llegue del sonido ni la sombra 
—ecos de risas, pájaros, reflejos 
de amadas voces — 

Ni siquiera su falta: 
el momentáneo, silencioso hueco. 

Pensarlo fuertemente 
y no prenderse a tibios, 
acogedores, débiles apoyos. 

Un día 

un día no remoto 

un día de tan sólida presencia 

de peso tan real, igual a éste. 


29 



TODAVIA LA MUERTE II 


Es posible 

que lo que nos rodea y nos protege 
nos sea, sí, quitado. 

Despojados de ropa, casa, muebles, 
y aún del propio cuerpo, 
es posible 

que un ser incomprensible, sólo alma 
un inimaginable ver sin ojos 
un lastimoso resto, sobreviva. 

Tal vez, posible. 

Qué miraremos, pues, así, hamacándonos 
en transparentes hilos sostenidos? 

Qué hacer, cómo vivir la sobrevida? 

Hasta el mínimo gesto necesita 
un apoyo de piel, algún pequeño 
movimiento real... Pesada, opaca 
y mil veces bendita, densa tierra 
donde pisar seguro, mientras tengas 
el hueso y los tejidos todavía 
y todavía puedas. 


30 



VISION A FEA LUZ 


No sientes una arena invisible, que cae? 

Rutina. Desaliento. 

¿Han doblado tan pronto los árboles sus gajos? 
Tú querías un modo de crecer como troncos 
en concéntricos círculos de acumulada fuerza 
cada vez menos frágil. 

En cambio, como arroyos 
débiles, has crecido. 

Desbordados 

Formaron lagunas, agua inerte. 

No era así, no era así. Nunca quisimos 
esta luz débil. 

Arreglado está el cuarto 

tu ropa está doblada 

En la pared, un rostro de mirada remota. 

El vivir es ahora 
igual a esta pared, pareja, clara. 

Si acaso surgen sombras 

su espesor es pequeño, imperceptible. 

No turban, pues, tu sueño. 

Acomódate y duerme. Tu casa, como un barco 
ya sin que tú te muevas, navega blandamente. 


31 



ACTIVIDAD SEGUNDA 


Ya esto de sentarse 

de tomar un papel, es un salirse 

— adonde, dónde ?— 

Porque alguien corre o llama 
y tú estás quieto, 

mejor dicho, no estás porque te has ido 
¿adonde dónde? 

Ya casi da vergüenza. Sin embargo 
lo que menos quisiéramos es irnos. 

Al revés, al revés: picos y palas 

o sendas o barrenos 

quisiéramos ya fuesen las palabras. 

Luchamos con materia resbalosa 
empantanados, solos, 
a veces, asfixiándonos. 

Y viendo alrededor, hora por hora 
la verdadera vida, la bien única, 
la vida sola abierta: 
un ojo de luz firme, una manito 
que juega con la tierra. 


32 



I 


Con las lluvias de junio, llueve sombra. 
Un sombrío recuerdo. 

Viene en el aire un grito 
—o es la sombra de un grito —: 

Los muertos en la calle. 

Su imagen, siempre. 

Días que han de venir, arrojan sombra 
o es una luz hiriente. 

Y de frente a esta luz, esto pedimos: 

Que pueda, contra el miedo, la esperanza. 
Por encima del miedo, la esperanza 
compartida y segura, la esperanza. 

Y desde ahora, siempre. 


33 



II 


Segunda actividad: dar y dar vueltas 
a sonidos, a ritmos 

mientras alrededor tiemblan, germinan 
voces, seres y cosas verdaderas. 

Por lo menos sé ésto: 

No quiero ser testigo, el ojo frío 
el que quede detrás, 
la mujer del espejo. 

Y menos todavía 

el que nada refleja, que ni mira 

el que cierra los ojos 

el que “tiene su mundo” 

el que alza el vuelo. 

Ese, menos que menos. 


34 



HE VISTO 


Policías. Soldados. 

Camiones y camiones. O a caballo. 

O a pie. Juntos, armados. 

Veo tu rostro inquieto, ciudad querida 
y en todos lados, miedo. 

Veo tu rostro inquieto, ciudad querida 
y en todos lados, miedo. 

Planta voraz, trepándose a las casas 
subiendo las paredes 
devorando, creciendo. 

Si te arrancan del sueño 
puesto delante de una luz-cuchillo: 

¿Qué has de sentir? ¿Te taparás los ojos? 
¿Sabrás quedarte y resistir? 

Prepárate. 

El día duro ya está amaneciendo. 


35 




ORDEN DEL LIBRO 


El puente 7 
Palabras 8 

Rechazos 9 

Cosas 10 
Nocturno 11 

Rostros 12 
Regreso 13 

Trama 14 
Peligros 15 

El viaje 16 

La pendiente 18 
Aprendo a oir I 19 

Aprendo a oir II 20 

Esta mujer 21 
Posibilidad 22 
Deseo 23 
De a ratos 24 
Duermes? 25 
1811 26 



Niebla 27 
Reviviscencia 28 
Todavía la muerte I 29 

Todavía la muerte II 30 

Visión a fea luz 31 
Actividad segunda 32 

I 33 

II 34 

He visto 35 



Se terminó de imprimir en forma 
cooperativa en los talleres gráficos 
de la Comunidad del Sur, Canelones 
N? 1484, Montevideo, en el mes de 
julio de 1970, para las ediciones de la 
Eevista Siete Poetas Hispanoamerica¬ 
nos. - Comisión del Papel. Edición 
amparada en el Art. 79 de la ley NO 
13.349. - Precio de venta al público 
sujeto a modificación de acuerdo a la 
ley N° 13.720 del 16 de diciembre 1968. 

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